miércoles, 14 de enero de 2009

Año nuevo, precios nuevos

Vuelta de vacaciones de navidad, unos días en que hemos pasado olímpicamente de la crisis, y hemos regalado, comido, bebido, y salido más de lo que nuestra maltrecha economía a muchos nos permite. Ahora llega enero, y la cuesta este año parece que va a ser más dura que la subida de un puerto de montaña en bicicleta con 40 grados a la sombra.
Además, este mediodía he visto en las noticias que la cajetilla de tabaco experimenta una nueva subida de 15 céntimos de euro más, en las marcas comercializadas por las compañías Phillip Morris y Altadis, es decir, prácticamente todas. Con esta nueva subida el precio medio de la cajetilla se sitúa por encima de los 2,50 euros. A 13 céntimos el cigarro, vamos. Poca consciencia hay de que cada cigarro son 3 chicles, o de que con 3 0 4 cajetillas (lo que se puede consumir tirando a la baja en una semana) se podría salir a cenar o al cine. En definitiva, no se tiene consciencia de lo caro que es el tabaco, y del coste de oportunidad que acarrea su consumo en detrimento de otros bienes o servicios.
Pues bien, ahora que la crisis lleva instalada un tiempo, y parece que va a quedarse con nosotros al menos durante todo este recién estrenado año, éste empieza como siempre, con subidas de precio en todo. El invento de las rebajas es el placebo perfecto que permite camuflar esta tremenda subida de la luz, el agua, el gas, el transporte público (la más injustificada de todas, a tenor del precio del combustible y la subida de precio del pasado verano, esgrimiendo esa misma razón), y ahora, también del tabaco. Como decía, las rebajas hacen que nos olvidemos de esta subida que estrujará nuestros bolsillos más aún si cabe. Pensando, el día de año nuevo los titulares de los noticieros diarios son precisamente estas subidas de precio, pero enseguida se olvida con las imágenes de celebración del año nuevo. Además, muchos estaríamos comiendo (o durmiendo la resaca de nochevieja, otros muchos) y no veríamos el noticiario. Los pocos que se dan cuenta de la subida, enseguida dejan de pensar en ella mientras hacen el presupuesto de las compras que van a hacer en las rebajas.
¿Imaginamos que pasaría si estas subidas se produjeran a mitad de año, en mayo, por ejemplo? Sucedería que la gente se enteraría y analizaría, aunque fuera mínimamente la repercusión de la noticia, y se armaría una buena. Pero el mundo seguiría girando, y a los dos días volveríamos a la normalidad.
Por esto las empresas se hacen grandes y los monopolios son tan indeseables: porque una empresa monopolista u oligárquica puede fijar el precio que le venga en gana, y a nosotros, los humildes consumidores, no nos queda otra que apechugar. Por eso, ante las subidas de precio monopolistas (agua) y oligárquicas (gas, luz, tabaco, en estas circuntancias) no podemos hacer nada. Al menos nos suavizan la noticia y nos cuelan a caballo entre un periodo festivo y las rebajas, para que no reparemos en ello. Ya reparará nuestro bolsillo, cuando tengamos que prescindir de salir a cenar o al cine, que también suben, lo que pasa es que su repercusión es, si cabe, menos mediática; muchísimo menos.

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