"No le hemos dado un euro a la banca"... Pero el Gobierno ya se prepara para hacerlo
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró ayer que no ha regalado dinero a las entidades financieras, sino que les ha respaldado. "No le hemos dado un euro a la banca", defendió. A pesar de estas palabras, el Ejecutivo ya tiene casi listo el instrumento que le permitirá entrar en el capital de las entidades financieras.
Esta es la noticia económica que más me ha llamado la atención hoy. No por su relevancia en el sistema económico del país, que la tiene y mucha, sino porque ya pensaba que no haría falta inyectar capital a la banca. No se si esta es una posición generalizada, pero me supongo que si lo es. Y tengo mis motivos para pensarlo: el Presidente Zapatero y el Ministro Solbes se han encargado de repetir innumerables veces que el sistema bancario español estaba entre los más saneados y fiables del mundo. Cierto, pero ¿aún así podrá hacer frente a la crisis? Si, claro que si; pero...dejamos una reserva para acudir al rescate, solo por si caso...Pues bien, según parece, ha llegado el momento de apoyar al sistema bancario.
Por otra parte, también es lógico pensar que los bancos necesitarían este apoyo, ya que aumenta enormemente el número de hipotecas dejadas de pagar, el índice de morosidad está por las nubes, etc. etc. Los bancos han recortado beneficios en este periodo, y por ello viene este apoyo, en este momento. Aún así, sus beneficios siguen por encima del 10 y del 15 por ciento.
Lo más inmediato de pensar es: si los bancos siguen ganando dinero, ¿por qué hay que apoyarlos económicamente? La mayoría piensa eso, según se puede leer en las cartas a los periódicos, foros, y en general, a cualquiera que le preguntes su opinión te dirá esto.
Realmente es más simple de lo que parece, o esto es lo pienso yo, si mi planteamiento es correcto. Los bancos son empresas; ni más ni menos. Son fundamentales para una economía, y son más complejos en cuanto a su forma de funcionar que la mayoría de las empresas (o no, según se mire), pero tienen el mismo objetivo básico común: maximizar sus beneficios. En palabras más coloquiales, si Danone, por ejemplo, vende yogures, BBVA vende dinero, y ambas empresas buscan obtener la máxima tajada con la venta de sus productos.
Una vez dejada clara esta concepción de los bancos, lo demás ya viene, digamos, rodado: una empresa que cada vez deja más dinero de ganar, desaparece del mercado. Con los bancos no sucede así de manera tan estricta porque su desaparición es más compleja. No dejan de existir porque aunque dejen de vender sus productos (hipotecas, créditos, etc.), tienen que seguir cumpliendo otra de sus funciones, quizá la más importante para el personal de a pie: custodiar el dinero de cada uno. Además, si el sistema bancario se para, es decir, dejara de ser una empresa rentable y desapareciera, como cualquier otra empresa normal, el resto del sistema económico también caería con él, a efecto arrastre, por la falta de financiación que sufrirían, nadie les vendería el dinero que necesitan para acometer inversiones.
En definitiva, los bancos no desaparecen porque, a mi modo de ver, son la base del sistema económico de una economía; porque si caen, el sistema en su conjunto cae con ellos, y con él el empleo, el crecimiento económico, y en última instancia, la sanidad, la educación y el resto de servicios públicos, provocando la ruina de la economía. Son los cimientos sobre los que se sustenta la moderna economía de mercado mundial, y por eso hay que "mimarlos". Es decir, si se atisba el mínimo indicio de que un banco va a reducir sus beneficios por debajo de lo que la dirección del propio banco espera, el Gobierno tiene que actuar para que el banco siga funcionando, y de este modo, la economía en general, también siga funcionando.
Es curioso de ver cómo los más interesados en la liberación de la economía, es decir, de la no intervención del Estado en aspectos económicos, ahora la piden a gritos para mantener sus millonarios benefecios.
martes, 27 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
La crisis de Miguel Sebastian
Esta mañana el ministro de industria, turismo y comercio, Miguel Sebastián, nos ha instado a todos los españoles a consumir productos nacionales, con el objetivo de aminorar los efectos de la actual crisis que estamos padeciendo en todo el mundo. Puntúa, que si cada familia realiza un gasto medio mensual de unos 150 euros, se pueden salvar 120.000 empleos cada mes. Hasta aquí todo parece de lo más lógico: si consumimos productos nacionales, las empresas nacionales mantienen sus ganancias (o las incrementan, según puede deducirse de las declaraciones), y con esto, se mantienen también los puestos de trabajo, e, incluso, se podrían crear, en caso de crecer las ganancias. Sin embargo, el problema intrínseco de la crisis en relación al mercado laboral es, en muchas ocasiones, otro: las empresas han disminuido sus ingresos con la crisis, eso es evidente, pero no han regulado sus puestos de empleo de acuerdo a ello. Más bien, se ha destruido más empleo del dinero que se ha dejado de ingresar. Por poner un ejemplo gráfico, supongamos que una empresa "x" por cada euro que deja de ganar ha de prescindir de un trabajadoror; si la empresa ha visto sus ingresos minados en 50 euros, no ha despedido a 50 empleados, sino a 70 o más, en la mayoría de los casos. ¿Por qué? Por las expectativas, podría ser: al esperar que meses después las ganancias serán de 70 euros menos, directamente prescindimos de 70 trabajadores de una vez que de 50 primero y 20 después. Sin embargo, pienso que no se debe exclusivamente a esto, si bien es también una explicación que encajaría con la situación. Lo que yo pienso está más relacionado con la productividad, y con la productividad marginal; según esto, cualquier empresa, con cada nueva contratación de un trabajador más, percibe menos producto total, lo que se traduce en menos ingresos. Es decir, si una empresa tiene 2 trabajadores que producen 10 unidades de producto, cada trabajador produce de media 5 unidades; esta empresa, al contratar un nuevo trabajador producirá 12 unidades, de media 4 unidades por trabajador.
En relación a lo expuesto anteriormente, las empresas, bajo mi punto de vista, despiden a más trabajadores de lo "necesario" por una sencilla cuestión: de este modo aumenta su productividad media por trabajador. Por esta misma cuestión la crisis tendrá una etapa post-crisis: las empresas se resistirán a contratar más trabajadores cuando recuperen su nivel de ingresos digamos, habitual; si antes una empresa empleaba a 100 trabajadores, y con la crisis su plantilla ha pasado a ser de 60, tras ésta, su plantilla, salvo crecimiento desmesurado, estará por debajo de los 100 anteriores a a crisis, en un intento de mantener la productividad media que sus trabajadores han logrado con la crisis; intento que con seguridad será en vano. Por ello, más adelante, la propia empresa recuperará la normalidad, y su plantilla será de nuevo de 100 trabajadores, ya que cuando el periodo de crisis termine, los trabajadores ya no estarán dispuestos a mantener la productividad media que están registrando en el mismo, ya que su situación de incertidunbre con respecto a su puesto de trabajo será mucho menor.
En definitiva, está bien lo de consumir producto nacional con el fin de ayudar a la industria y empresa españolas, pero también habría que tener en cuenta que, muy posiblemente, las empresas no contraten a más personal porque aumenten sus ingresos en el corto plazo, y que hasta el año que viene (cuando se prevé que acabe la crisis) no se creará más nuevo empleo. Si bien no se destruirá más.
En relación a lo expuesto anteriormente, las empresas, bajo mi punto de vista, despiden a más trabajadores de lo "necesario" por una sencilla cuestión: de este modo aumenta su productividad media por trabajador. Por esta misma cuestión la crisis tendrá una etapa post-crisis: las empresas se resistirán a contratar más trabajadores cuando recuperen su nivel de ingresos digamos, habitual; si antes una empresa empleaba a 100 trabajadores, y con la crisis su plantilla ha pasado a ser de 60, tras ésta, su plantilla, salvo crecimiento desmesurado, estará por debajo de los 100 anteriores a a crisis, en un intento de mantener la productividad media que sus trabajadores han logrado con la crisis; intento que con seguridad será en vano. Por ello, más adelante, la propia empresa recuperará la normalidad, y su plantilla será de nuevo de 100 trabajadores, ya que cuando el periodo de crisis termine, los trabajadores ya no estarán dispuestos a mantener la productividad media que están registrando en el mismo, ya que su situación de incertidunbre con respecto a su puesto de trabajo será mucho menor.
En definitiva, está bien lo de consumir producto nacional con el fin de ayudar a la industria y empresa españolas, pero también habría que tener en cuenta que, muy posiblemente, las empresas no contraten a más personal porque aumenten sus ingresos en el corto plazo, y que hasta el año que viene (cuando se prevé que acabe la crisis) no se creará más nuevo empleo. Si bien no se destruirá más.
miércoles, 14 de enero de 2009
Año nuevo, precios nuevos
Vuelta de vacaciones de navidad, unos días en que hemos pasado olímpicamente de la crisis, y hemos regalado, comido, bebido, y salido más de lo que nuestra maltrecha economía a muchos nos permite. Ahora llega enero, y la cuesta este año parece que va a ser más dura que la subida de un puerto de montaña en bicicleta con 40 grados a la sombra.
Además, este mediodía he visto en las noticias que la cajetilla de tabaco experimenta una nueva subida de 15 céntimos de euro más, en las marcas comercializadas por las compañías Phillip Morris y Altadis, es decir, prácticamente todas. Con esta nueva subida el precio medio de la cajetilla se sitúa por encima de los 2,50 euros. A 13 céntimos el cigarro, vamos. Poca consciencia hay de que cada cigarro son 3 chicles, o de que con 3 0 4 cajetillas (lo que se puede consumir tirando a la baja en una semana) se podría salir a cenar o al cine. En definitiva, no se tiene consciencia de lo caro que es el tabaco, y del coste de oportunidad que acarrea su consumo en detrimento de otros bienes o servicios.
Pues bien, ahora que la crisis lleva instalada un tiempo, y parece que va a quedarse con nosotros al menos durante todo este recién estrenado año, éste empieza como siempre, con subidas de precio en todo. El invento de las rebajas es el placebo perfecto que permite camuflar esta tremenda subida de la luz, el agua, el gas, el transporte público (la más injustificada de todas, a tenor del precio del combustible y la subida de precio del pasado verano, esgrimiendo esa misma razón), y ahora, también del tabaco. Como decía, las rebajas hacen que nos olvidemos de esta subida que estrujará nuestros bolsillos más aún si cabe. Pensando, el día de año nuevo los titulares de los noticieros diarios son precisamente estas subidas de precio, pero enseguida se olvida con las imágenes de celebración del año nuevo. Además, muchos estaríamos comiendo (o durmiendo la resaca de nochevieja, otros muchos) y no veríamos el noticiario. Los pocos que se dan cuenta de la subida, enseguida dejan de pensar en ella mientras hacen el presupuesto de las compras que van a hacer en las rebajas.
¿Imaginamos que pasaría si estas subidas se produjeran a mitad de año, en mayo, por ejemplo? Sucedería que la gente se enteraría y analizaría, aunque fuera mínimamente la repercusión de la noticia, y se armaría una buena. Pero el mundo seguiría girando, y a los dos días volveríamos a la normalidad.
Por esto las empresas se hacen grandes y los monopolios son tan indeseables: porque una empresa monopolista u oligárquica puede fijar el precio que le venga en gana, y a nosotros, los humildes consumidores, no nos queda otra que apechugar. Por eso, ante las subidas de precio monopolistas (agua) y oligárquicas (gas, luz, tabaco, en estas circuntancias) no podemos hacer nada. Al menos nos suavizan la noticia y nos cuelan a caballo entre un periodo festivo y las rebajas, para que no reparemos en ello. Ya reparará nuestro bolsillo, cuando tengamos que prescindir de salir a cenar o al cine, que también suben, lo que pasa es que su repercusión es, si cabe, menos mediática; muchísimo menos.
Además, este mediodía he visto en las noticias que la cajetilla de tabaco experimenta una nueva subida de 15 céntimos de euro más, en las marcas comercializadas por las compañías Phillip Morris y Altadis, es decir, prácticamente todas. Con esta nueva subida el precio medio de la cajetilla se sitúa por encima de los 2,50 euros. A 13 céntimos el cigarro, vamos. Poca consciencia hay de que cada cigarro son 3 chicles, o de que con 3 0 4 cajetillas (lo que se puede consumir tirando a la baja en una semana) se podría salir a cenar o al cine. En definitiva, no se tiene consciencia de lo caro que es el tabaco, y del coste de oportunidad que acarrea su consumo en detrimento de otros bienes o servicios.
Pues bien, ahora que la crisis lleva instalada un tiempo, y parece que va a quedarse con nosotros al menos durante todo este recién estrenado año, éste empieza como siempre, con subidas de precio en todo. El invento de las rebajas es el placebo perfecto que permite camuflar esta tremenda subida de la luz, el agua, el gas, el transporte público (la más injustificada de todas, a tenor del precio del combustible y la subida de precio del pasado verano, esgrimiendo esa misma razón), y ahora, también del tabaco. Como decía, las rebajas hacen que nos olvidemos de esta subida que estrujará nuestros bolsillos más aún si cabe. Pensando, el día de año nuevo los titulares de los noticieros diarios son precisamente estas subidas de precio, pero enseguida se olvida con las imágenes de celebración del año nuevo. Además, muchos estaríamos comiendo (o durmiendo la resaca de nochevieja, otros muchos) y no veríamos el noticiario. Los pocos que se dan cuenta de la subida, enseguida dejan de pensar en ella mientras hacen el presupuesto de las compras que van a hacer en las rebajas.
¿Imaginamos que pasaría si estas subidas se produjeran a mitad de año, en mayo, por ejemplo? Sucedería que la gente se enteraría y analizaría, aunque fuera mínimamente la repercusión de la noticia, y se armaría una buena. Pero el mundo seguiría girando, y a los dos días volveríamos a la normalidad.
Por esto las empresas se hacen grandes y los monopolios son tan indeseables: porque una empresa monopolista u oligárquica puede fijar el precio que le venga en gana, y a nosotros, los humildes consumidores, no nos queda otra que apechugar. Por eso, ante las subidas de precio monopolistas (agua) y oligárquicas (gas, luz, tabaco, en estas circuntancias) no podemos hacer nada. Al menos nos suavizan la noticia y nos cuelan a caballo entre un periodo festivo y las rebajas, para que no reparemos en ello. Ya reparará nuestro bolsillo, cuando tengamos que prescindir de salir a cenar o al cine, que también suben, lo que pasa es que su repercusión es, si cabe, menos mediática; muchísimo menos.
martes, 16 de diciembre de 2008
la estafa madoff
La semana pasada el mundo no se lo creía: una sóla persona había estafado (yo no lo diría así a tenor de los hechos, ya lo explicaré) a los mercados bursátiles más importantes del mundo miles de millones de euros. Mediante un método de patio de universidad, no en vano se ha hablado mucho de este negocio en mi propia universidad, que fácilmente se atisba como la manera más fácil de ganar dinero, esta persona ha hecho saltar por los aires las bolsas más importantes de todo el mundo, en especial la de Nueva York (es la mayor estafa que ha sufrido Wall Street en su historia). Su nombre es Bernard L. Madoff. Fue presidente del Nasdaq antes de esto, y pienso a pies juntillas que su nombre es lo que ha hecho que las más importantes empresas del mundo inviertan en este método de negocio tan singular. Paso a explicar el método de manera resumida: se trata de una estructura piramidal en la que los inversores iniciales recogen, como si fueran beneficios, la aportación de los que entran detrás de ellos; los que entran después reciben las aportaciones de los que entran después y así sucesivamente.
Como he dicho anteriormente, este método es tan sencillo que a poco que se piense se intuye cuándo el negocio va a dejar de dar beneficios. Si los beneficios que se recogen es ni más ni menos que la aportación de los nuevos "socios", cuando dejen de entrar socios, ¿qué va a pasar? que se acaba el negocio. Esto es lo que ha pasado: con la crisis se ha reducido la entrada de nuevos "socios" y esto ha significado el final del negocio. Por eso pienso que no se puede calificar como de estafa en sentido estricto, porque quien invertía aquí sabía lo que tarde o temprano podría suceder.
Como he dicho anteriormente, este método es tan sencillo que a poco que se piense se intuye cuándo el negocio va a dejar de dar beneficios. Si los beneficios que se recogen es ni más ni menos que la aportación de los nuevos "socios", cuando dejen de entrar socios, ¿qué va a pasar? que se acaba el negocio. Esto es lo que ha pasado: con la crisis se ha reducido la entrada de nuevos "socios" y esto ha significado el final del negocio. Por eso pienso que no se puede calificar como de estafa en sentido estricto, porque quien invertía aquí sabía lo que tarde o temprano podría suceder.
martes, 9 de diciembre de 2008
McDonald`s crece en la crisis
Este último mes del año si se caracteriza, a nivel económico, por algo, es por la evaluación del comportamiento que las empresas han tenido a lo largo del periodo. Por tanto, se suceden en los medios de comunicación las noticias del tipo tal o cual empresa ha ganado tanto dinero o ha incrementado sus beneficios en tanto porcentaje; o viceversa. Este periodo de crisis financiera y económica, como es lógico, cierra con más pérdidas, recesiones y quiebras que datos positivos. Sin embargo, existe (como en todo en la vida) la excepción que confirma la regla: McDonald´s cierra el periodo, a falta del mes de diciembre, con unos beneficios cercanos al 15 % en el rango acumulado durante todos los meses anteriores del año, con respecto al mismo periodo de 2007.
No es la única: Burger King, Pans&Company, y otras compañías similares, es decir, cuya actividad empresarial se basa en el llamado "fast food" también han echo su agosto este año 2008. Son los caballos ganadores en tiempos de crisis, de igual manera que en años anteriores veían como sus negocios tenían beneficios cercanos a 0 o incluso pérdidas: hace 2 años Telepizza pasó por un gran bache que casi acaba con la empresa en la quiebra; eran tiempos de bonanza económica y la gente comía y cenaba donde quería. Y salvo jóvenes y cuatro más, todos iban a restaurantes, digamos, más convencionales, o de otro tipo (menú, o carta, por ejemplo). Ahora, en tiempos de crisis, la gente mira más el bolsillo, y esto se traduce en comidas y cenas, al menos a diario, en restaurantes más económicos, en muchas ocasiones, de "fast food". Telepizza ha recuperado parte de la cuota de mercado que había perdido tiempo atrás; otras, como Burger King, han reforzado su posición en el mercado español de manera ya definitiva, por si había alguna duda sobre su poderío en el sector. Además, se da la coincidencia que los medios de comunicación los apoyan: antes, todo eran críticas y estudios sobre lo poco saludable que era comer una hamburguesa en media hora sentado a la mesa, en favor de comer 2 platos y 1 postre en hora y media. Ahora, los estudios dicen que es más saludable (y mucho más barato) tomar una hamburguesa en media hora que 2 platos en hora y media. En definitiva, los restaurantes "fast food" navegan con viento a favor en todos los frentes.
Y es que además, por si fuera poco, los tiempos de descanso en las empresas han disminuido; de la misma manera en que se ha reducido el número de trabajadores, la jornada de los que siguen trabajando se ha incrementado en muchos casos. Es decir, antes tenían 2 horas para comer, ahora tienen una. Y en 1 hora no se puede comer tranquilamente, pongamos, un menú del día, pero sí una hamburguesa. Además, el menú cuesta de 9 euros en adelante y la hamburguesa de 5,50 para arriba, lo cual supone un ahorro mensual bastante significativo, con el cual poder hacer frente a la subida de la hipoteca.
La cruz de la moneda se la llevan los restaurantes convencionales, que, con los mismos problemas económicos que los demás, disminuyen sus ingresos en favor de los restaurantes "fast food". Por eso cada vez hay más Starbuck´s y menos "Casa Pepe".
No es la única: Burger King, Pans&Company, y otras compañías similares, es decir, cuya actividad empresarial se basa en el llamado "fast food" también han echo su agosto este año 2008. Son los caballos ganadores en tiempos de crisis, de igual manera que en años anteriores veían como sus negocios tenían beneficios cercanos a 0 o incluso pérdidas: hace 2 años Telepizza pasó por un gran bache que casi acaba con la empresa en la quiebra; eran tiempos de bonanza económica y la gente comía y cenaba donde quería. Y salvo jóvenes y cuatro más, todos iban a restaurantes, digamos, más convencionales, o de otro tipo (menú, o carta, por ejemplo). Ahora, en tiempos de crisis, la gente mira más el bolsillo, y esto se traduce en comidas y cenas, al menos a diario, en restaurantes más económicos, en muchas ocasiones, de "fast food". Telepizza ha recuperado parte de la cuota de mercado que había perdido tiempo atrás; otras, como Burger King, han reforzado su posición en el mercado español de manera ya definitiva, por si había alguna duda sobre su poderío en el sector. Además, se da la coincidencia que los medios de comunicación los apoyan: antes, todo eran críticas y estudios sobre lo poco saludable que era comer una hamburguesa en media hora sentado a la mesa, en favor de comer 2 platos y 1 postre en hora y media. Ahora, los estudios dicen que es más saludable (y mucho más barato) tomar una hamburguesa en media hora que 2 platos en hora y media. En definitiva, los restaurantes "fast food" navegan con viento a favor en todos los frentes.
Y es que además, por si fuera poco, los tiempos de descanso en las empresas han disminuido; de la misma manera en que se ha reducido el número de trabajadores, la jornada de los que siguen trabajando se ha incrementado en muchos casos. Es decir, antes tenían 2 horas para comer, ahora tienen una. Y en 1 hora no se puede comer tranquilamente, pongamos, un menú del día, pero sí una hamburguesa. Además, el menú cuesta de 9 euros en adelante y la hamburguesa de 5,50 para arriba, lo cual supone un ahorro mensual bastante significativo, con el cual poder hacer frente a la subida de la hipoteca.
La cruz de la moneda se la llevan los restaurantes convencionales, que, con los mismos problemas económicos que los demás, disminuyen sus ingresos en favor de los restaurantes "fast food". Por eso cada vez hay más Starbuck´s y menos "Casa Pepe".
jueves, 4 de diciembre de 2008
Alcaldes con dinero
El otro día, en clase, el profesor de Hacienda Pública impartió una clase sobre el reparto de recursos (dinero, vamos) que se da en España. Hizo hincapié en que España no es un país federal, pero que si nos atenemos a este criterio, de reparto territorial de recursos, se podría afirmar que sí que lo es. No entendí muy bien lo que quería decir con esto, ni lo que pretendía explicar en relación al tema que estaba tratando hasta entonces, que era el modo en el que España ingresaba dinero mediante los impuestos.
Por la tarde leí en el periódico que el gobierno de Zapatero destinaría 8.000 millones de euros a los ayuntamientos. La conclusión a la que se llegó en clase es que el reparto era como sigue: el Estado gestionaba el 45 % de los recursos (45 % del PIB), las Comunidades Autónomas el 40 %, y los ayuntamientos el 15 % restante. Al hilo de esto, en el periódico se recogían algunas de las quejas más famosas que los alcaldes hicieron a los respectivos gobiernos (Aznar y Zapatero) para que el reparto de recursos fuera más equivalente. Esto me hizo pensar lo que más tarde constaté: que el problema ya venía de lejos. Ahora el gobierno trata de calmar los encendidos ánimos de los alcaldes otorgándoles una "ayudita".
Yo pienso que esto es "pan para hoy y hambre para mañana", como dice el refrán. Me explico: la mayoría de los ayuntamientos arrastran unas deudas enormes desde hace muchos años, deudas en muchos casos superiores a la mencionada "ayudita". Y esto es a causa del desequilibrio en el reparto de recursos, situación que no sólo se ha tratado de arreglar con el paso del tiempo, sino que se ha acentuado (poco después de la caída del régimen franquista el reparto era del 50 % para el Estado, el 30 % para las CCAA, y el restante 20 % para los ayuntamientos). Y esto ha llegado a esta situación porque la mayor parte de obras públicas son acometidas por los ayuntamientos, en muchas ocasiones sin ayuda por parte de las CCAA.
En otro orden de cosas, en el reportaje-noticia que leí en el periódico se especulaba con que las corrupciones urbanísticas de los ayuntamientos que se han sucedido en la última década eran a causa de la deuda que acarreaban, la cual era propiciada por el desigual reparto de recursos. En resumen, que los culpables serán los cargos públicos de los ayuntamientos, pero fueron (indirectamente) instigados por el Estado a hacerlo, pues no les dejaban otra alternativa para poder financiarse. Pienso que es una especulación muy bien fundada, ya que, igual que el que no tiene trabajo roba para comer, los ayuntamientos para pagar sus deudas acurrieron al Estado, y una vez que éste desoyó sus justificadas (o no, véase obras faraónicas sin sentido de Gallardón, como la soterración de la M-30) quejas, recurrieron a quien siempre da una oportunidad para salir de los atolladeros: el lado ilegal de las cosas.
Además, esto de la recalificación de terrenos fue algo legal durante mucho tiempo. Cuando empezó a ser ilegal fue cuando se empezó a practicar "en masa"; y se constató que era una vía inviable en materia urbanística, porque todo (salvo extrañas excepciones) metro cuadrado que se construyó en este país de 10 años para acá estaba recalificado, o con licencias más baratas de lo normal, o con algún chanchullo, en definitiva. Una vez que se constató la inviabilidad del sistema ilegal (el cupo de "constructores" estaba lleno, y el bolsillo de los ayuntamientos seguía vacío) saltaron las alarmas, y comenzó la "caza de brujas" (el año pasado, todo el mundo recordará como se sucedieron las detenciones de ediles y concejales de distintas partes de España), pequeña, para lo que podría haber sido. Y es que, como en todo negocio, hay quien sabe guardarse bien las espaldas; por eso las drogas siguen en las calles, por ejemplo.
Por la tarde leí en el periódico que el gobierno de Zapatero destinaría 8.000 millones de euros a los ayuntamientos. La conclusión a la que se llegó en clase es que el reparto era como sigue: el Estado gestionaba el 45 % de los recursos (45 % del PIB), las Comunidades Autónomas el 40 %, y los ayuntamientos el 15 % restante. Al hilo de esto, en el periódico se recogían algunas de las quejas más famosas que los alcaldes hicieron a los respectivos gobiernos (Aznar y Zapatero) para que el reparto de recursos fuera más equivalente. Esto me hizo pensar lo que más tarde constaté: que el problema ya venía de lejos. Ahora el gobierno trata de calmar los encendidos ánimos de los alcaldes otorgándoles una "ayudita".
Yo pienso que esto es "pan para hoy y hambre para mañana", como dice el refrán. Me explico: la mayoría de los ayuntamientos arrastran unas deudas enormes desde hace muchos años, deudas en muchos casos superiores a la mencionada "ayudita". Y esto es a causa del desequilibrio en el reparto de recursos, situación que no sólo se ha tratado de arreglar con el paso del tiempo, sino que se ha acentuado (poco después de la caída del régimen franquista el reparto era del 50 % para el Estado, el 30 % para las CCAA, y el restante 20 % para los ayuntamientos). Y esto ha llegado a esta situación porque la mayor parte de obras públicas son acometidas por los ayuntamientos, en muchas ocasiones sin ayuda por parte de las CCAA.
En otro orden de cosas, en el reportaje-noticia que leí en el periódico se especulaba con que las corrupciones urbanísticas de los ayuntamientos que se han sucedido en la última década eran a causa de la deuda que acarreaban, la cual era propiciada por el desigual reparto de recursos. En resumen, que los culpables serán los cargos públicos de los ayuntamientos, pero fueron (indirectamente) instigados por el Estado a hacerlo, pues no les dejaban otra alternativa para poder financiarse. Pienso que es una especulación muy bien fundada, ya que, igual que el que no tiene trabajo roba para comer, los ayuntamientos para pagar sus deudas acurrieron al Estado, y una vez que éste desoyó sus justificadas (o no, véase obras faraónicas sin sentido de Gallardón, como la soterración de la M-30) quejas, recurrieron a quien siempre da una oportunidad para salir de los atolladeros: el lado ilegal de las cosas.
Además, esto de la recalificación de terrenos fue algo legal durante mucho tiempo. Cuando empezó a ser ilegal fue cuando se empezó a practicar "en masa"; y se constató que era una vía inviable en materia urbanística, porque todo (salvo extrañas excepciones) metro cuadrado que se construyó en este país de 10 años para acá estaba recalificado, o con licencias más baratas de lo normal, o con algún chanchullo, en definitiva. Una vez que se constató la inviabilidad del sistema ilegal (el cupo de "constructores" estaba lleno, y el bolsillo de los ayuntamientos seguía vacío) saltaron las alarmas, y comenzó la "caza de brujas" (el año pasado, todo el mundo recordará como se sucedieron las detenciones de ediles y concejales de distintas partes de España), pequeña, para lo que podría haber sido. Y es que, como en todo negocio, hay quien sabe guardarse bien las espaldas; por eso las drogas siguen en las calles, por ejemplo.
martes, 25 de noviembre de 2008
Empresas y despidos
Leo en el periódico de hoy que se suceden los, en esta época, famosos ERE, y, en consecuencia, las huelgas. Ono, en Barcelona, ha sido el último representante. CCOO cifra el seguimiento de la huelga en el 60%. ¿Por qué un índice tan bajo? Si ya están despedidos, ¿por qué no secundan todos la huelga? Puede ser que vayan a volver a sus puestos, y que se trate de un ERE temporal, como el de SEAT, pero no es este caso.
Al leer esto, me acuerdo de la reciente huelga de estudiantes en protesta por la imposición del "Plan Bolonia". Las cifras de seguimiento, según el sindicato de estudiantes, fueron mucho más altas que las de Ono. Sin embargo, yo fui a clase, y noté la universidad con una afluencia de gente similar a la de un día cualquiera. Dicen las malas lenguas que los estudiantes secundamos más las huelgas porque no tenemos otra cosa que hacer, y de este modo nos escaqueamos de clase. ¿Por qué los trabajadores de Ono no fueron en masa, si ni siquiera tienen trabajo del que escaquearse? Mi opinión es que desisten de luchar contra algo que, realmente, comprenden: Ono no vende, y como no vende, no ingresa dinero, y como no ingresa dinero, no puede pagar los salarios. Es un análisis tan simple que cualquiera es capaz de hacerlo, y los trabajadores de Ono no creo que sean menos inteligentes que cualquiera. Por eso desisten de luchar contra lo que ya es una realidad inapelable.
Otra cosa es el caso de los estudiantes. Acabo (hoy) de enterarme el principal inconveniente del susodicho plan: para licenciarse (graduarse, a partir de ahora), se precisa realizar un máster, pagado por supuesto. Y los másteres no son baratos; un máster tiene un precio superior al coste de todas las matrículas de una carrera, incluso repitiendo alguno o varios años. Por eso la gente protesta, porque (a mi juicio, correctamente), supone una mayor privatización de la educación, con la que muchos de los estudiantes, de poder económico medio, e incluso bajo, no estamos de acuerdo. Porque supondrá que muchos de nosotros decidamos no estudiar una carrera, grado ahora, ante la imposibilidad de afrontarlo económicamente. Habrá becas del Estado, supongo, pero al igual que las actuales, no llegarán a todas las personas, más bien sólo al 50 o 60 % del total que la solicita. Y el 90 % de quien las solicita, es porque las necesita; quien no las necesita, no las pide, porque sabe de antemano que no se la van a dar.
En conclusión, la próxima manifestación en contra del "Plan Bolonia" pienso secundarla, aunque para ello procuraré saber antes cuales son sus puntos positivos, que supongo que también los tendrá.
Al leer esto, me acuerdo de la reciente huelga de estudiantes en protesta por la imposición del "Plan Bolonia". Las cifras de seguimiento, según el sindicato de estudiantes, fueron mucho más altas que las de Ono. Sin embargo, yo fui a clase, y noté la universidad con una afluencia de gente similar a la de un día cualquiera. Dicen las malas lenguas que los estudiantes secundamos más las huelgas porque no tenemos otra cosa que hacer, y de este modo nos escaqueamos de clase. ¿Por qué los trabajadores de Ono no fueron en masa, si ni siquiera tienen trabajo del que escaquearse? Mi opinión es que desisten de luchar contra algo que, realmente, comprenden: Ono no vende, y como no vende, no ingresa dinero, y como no ingresa dinero, no puede pagar los salarios. Es un análisis tan simple que cualquiera es capaz de hacerlo, y los trabajadores de Ono no creo que sean menos inteligentes que cualquiera. Por eso desisten de luchar contra lo que ya es una realidad inapelable.
Otra cosa es el caso de los estudiantes. Acabo (hoy) de enterarme el principal inconveniente del susodicho plan: para licenciarse (graduarse, a partir de ahora), se precisa realizar un máster, pagado por supuesto. Y los másteres no son baratos; un máster tiene un precio superior al coste de todas las matrículas de una carrera, incluso repitiendo alguno o varios años. Por eso la gente protesta, porque (a mi juicio, correctamente), supone una mayor privatización de la educación, con la que muchos de los estudiantes, de poder económico medio, e incluso bajo, no estamos de acuerdo. Porque supondrá que muchos de nosotros decidamos no estudiar una carrera, grado ahora, ante la imposibilidad de afrontarlo económicamente. Habrá becas del Estado, supongo, pero al igual que las actuales, no llegarán a todas las personas, más bien sólo al 50 o 60 % del total que la solicita. Y el 90 % de quien las solicita, es porque las necesita; quien no las necesita, no las pide, porque sabe de antemano que no se la van a dar.
En conclusión, la próxima manifestación en contra del "Plan Bolonia" pienso secundarla, aunque para ello procuraré saber antes cuales son sus puntos positivos, que supongo que también los tendrá.
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